Page 336 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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se afilaban al llegar a la base de la campana, el queso explotó.
Se produjo un chasquido líquido cuando el trozo reventó con
velocidad y violencia, salpicando el interior del recipiente
con migas y aceite.
Lublamai gritó, preguntando en nombre de Jabber qué era
eso, pero Isaac no lo advirtió. Estaba observando
boquiabierto, trastornado, el queso destruido. Entonces
prorrumpió en risas de incredulidad y felicidad.
— ¿Isaac? ¿Qué coño estás haciendo? —repitió Lublamai.
— ¡Nada, nada! Siento la molestia. Solo es un poco de
trabajo que... que va bastante bien... —La sonrisa que brotó
en su rostro le impidió seguir con la respuesta.
Apagó rápidamente la máquina y levantó la campana.
Pasó los dedos sobre la masa embadurnada, medio fundida.
¡Increíble!, pensó.
Había intentado programar el queso para que flotara un
poco por encima del suelo. Desde aquel punto de vista,
suponía que aquello era un fracaso. ¡Pero es que no esperaba
que sucediera nada! Desde luego, se había confundido con
las matemáticas, había programado mal las tarjetas. Era
evidente que la especificación de los efectos que buscaba
sería extremadamente difícil. Probablemente, el proceso
mismo de acceso era tosco hasta el ridículo, dejando espacio
de sobra para los errores y las imperfecciones. Y ni siquiera
había intentado crear la clase de retroalimentación
permanente que era su objetivo último.
Pero... pero había accedido a la energía de crisis.
Aquello carecía por completo de precedentes. Por primera
vez, Isaac creía de verdad en que sus ideas funcionarían.
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