Page 361 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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raíles suspendidos que se enlazaban y cruzaban bajo el alto
techo. Aquellos rieles entreverados permitían que las
cápsulas se movieran entre ellas, sitúan y se sitúa vahándose
en una de las siete líneas radiales que surgían de las enormes
aberturas distribuidas por toda la fachada exterior. Las vías
se abrían al rostro colosal de Nueva Crobuzon.
Desde donde se encontraba, el sargento alcanzaba a
divisar las vías aéreas entrar en la torre de la milicia en
Sheck, a un kilómetro y medio hacia el suroeste, y emerger
más allá. Vio cómo una cápsula abandonaba aquella torre,
dejando su caótico estacionamiento casi a la altura de sus
ojos, para dirigirse hacia el Alquitrán, que discurría sinuoso
y poco fiable hacia el sur.
Alzó la mirada al seguir sonando el tubo y, al darse cuenta
de cuál demandaba atención, maldijo y recorrió a toda prisa
la cámara, su chaqueta ondeando al viento. Aun en verano
hacía frío a aquella altura sobre la ciudad, sobre todo en una
estancia abierta que funcionaba como un ventilador gigante.
Extrajo la clavija del tubo de comunicación y habló dentro
del bronce.
— ¿Sí, secretaria de Interior?
La voz que emergió era débil y distorsionada por su viaje
a través del metal retorcido.
—Prepare mi cápsula de inmediato. Voy a la Isla Strack.
Las puertas de la Sala Lemquist, el despacho del alcalde
en el Parlamento, eran enormes y estaban festoneadas con
hierro viejo. Había dos soldados estacionados en el exterior
en todo momento, pero se le negaba una de las capacidades
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