Page 356 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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tras recorrer su piel polvorienta. Estaba completamente
inmóvil, laso. Le buscó el pulso en el cuello y lo encontró
estable. Respiraba con profundas bocanadas, deteniéndose
un instante antes de expirar. Parecía estar durmiendo.
Pero Isaac se encogió horrorizado ante aquella mirada
vacante, imbécil. Agitó la mano frente al rostro de Lublamai,
mas sin respuesta. Le dio una suave bofetada, seguida de
otras dos más fuertes. Se dio cuenta de que estaba gritando
el nombre de su amigo.
La cabeza de Lublamai se mecía de un lado y otro, como
un saco lleno de piedras.
Isaac cerró los ojos y sintió algo frío y húmedo. La mano
de Lublamai estaba cubierta por una delgada película de un
líquido claro, pegajoso. Lo olió y se apartó ante el débil tufo
de limones y descomposición. Durante un instante se sintió
mareado.
Tocó la cara de Lublamai y vio que la piel alrededor de la
boca y la nariz estaba resbaladiza por aquella pasta, que al
principio Isaac había confundido por la saliva de su amigo.
No hubo grito, bofetada o súplica que hiciera despertar a
Lublamai.
Cuando al fin Isaac se levantó y miró la habitación, vio
que la ventana de su colega estaba abierta, con el cristal roto
y los postigos de madera destrizados. Se incorporó y corrió
hasta el marco desencajado, pero ni dentro ni fuera había
nada que descubrir.
Mientras se apresuraba de un lado a otro bajo su propio
laboratorio elevado, yendo de la esquina de Lublamai a la de
David, tratando de animar con estúpidas frases a Sinceridad
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