Page 360 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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desapareció a toda prisa hacia la Espiga que se alzaba en el

            centro de la ciudad.

                Los dos hombres quedaron atrás, esperando hasta que el

            carruaje  desapareció  sobre  los  adoquines  del  laberíntico

            distrito. Entonces escudriñaron a su alrededor, reparando en

            las débiles luces procedentes de las fachadas traseras de los

            edificios,  en  las  paredes  derrumbadas  o  en  los  delgados

            dedos de los árboles frutales en los jardines. Satisfechos de

            que nadie los observara, se quitaron las capuchas y volvieron

            a meter las manos en los bolsillos. Se fundieron al instante
            en  un  personaje  distinto,  riendo  en  voz  baja  y  charlando

            urbanos, inocuos, mientras retomaban la patrulla nocturna.


                En  las  catacumbas  bajo  la  Espiga,  la  inerte  pareja  era

            pinchada, abofeteada, gritada, insultada. Para las primeras
            luces  del  alba  ya  los  había  examinado  un  científico  de  la

            milicia, que había escrito su informe preliminar.


                Las cabezas se rascaban perplejas.

                El  informe  del  científico,  junto  con  la  información

            condensada a partir de otros crímenes extraños o graves, fue

            enviado  por  toda  la  Espiga  y  se  detuvo  en  la  penúltima

            planta. Los documentos eran transportados a toda prisa por

            aquel retorcido pasillo sin ventanas, hacia los despachos de

            la secretaria de Interior. Llegaron a tiempo, a las nueve y

            media.

                A las diez y doce, un tubo de comunicación comenzó a

            tronar perentorio en la cavernosa estación de cápsulas que

            ocupaba  toda  la  planta  en  la  coronación  de  la  Espiga.  El

            joven sargento de guardia estaba al otro lado de la cámara,
            arreglando una luz rota en el frente de una cápsula colgada,

            como  otras  muchas  decenas,  de  un  intrincado  sistema  de



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