Page 362 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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habituales de tener un puesto en los corredores del poder:

            ningún  rumor,  ningún  secreto,  ningún  sonido  de  ninguna

            clase llegaba a sus oídos desde detrás de las inmensas hojas.

                Tras la entrada forrada de metal, la sala en sí era de una

            altura exagerada, panelada con madera oscura de una calidad

            tan exquisita que prácticamente era negra. Los retratos de los

            anteriores alcaldes rodeaban el lugar, desde el techo de diez

            metros de altura, descendiendo en espiral hasta llegar a dos

            metros del suelo. También había una gran ventana que daba

            directamente  a  la  estación  de  Perdido  y  a  la  Espiga.  Una
            variedad de tubos de comunicación, máquinas de cálculo y

            periscopios telescópicos aguardaba en sus nichos por toda la

            estancia, en posturas oscuras y extrañamente amenazadoras.


                Bentham Rudgutter se sentaba detrás de su escritorio con
            un aire de mando absoluto. Nadie que lo hubiera visto en

            aquella  estancia  había  podido  negar  la  extraordinaria

            sensación de poder total que exudaba. Allí era el centro de

            gravedad.  Él  lo  sabía  en  un  nivel  muy  profundo,  y  así  lo

            hacían  sus  invitados.  Su  gran  altura  y  su  corpulencia

            musculosa  se  sumaban,  sin  duda,  a  aquel  efecto,  pero  se

            trataba de algo que iba mucho más allá de su presencia.

                Frente a él se sentaba Montjohn Rescue, su visir, envuelto

            como siempre en una gruesa bufanda e inclinado para señalar

            algo en el papel que ambos hombres estudiaban.

                —Dos días —decía Rescue con una estaña voz carente de

            modulación,  bastante  distinta  a  la  que  empleaba  en  la

            oratoria.


                —  ¿Dos  días  qué?  —respondió  Rudgutter  atusando  su
            inmaculada perilla.


                —La huelga está aumentando. Como sabe, de momento


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