Page 452 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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titulada «Misteriosa epidemia de idiocia».

                Los dracos no eran los únicos que habían visto cosas que

            no deberían estar allí. Primero dos o tres, después más (y

            cada vez más histéricos) testigos aseguraban haber estado en

            compañía  de  aquellos  cuya  mente  era  robada.  Estaban

            confusos, habían caído en alguna suerte de trance, decían,

            pero  farfullaban  sobre  monstruos,  insectos  diabólicos  sin

            ojos, con oscuros cuerpos abotargados que se desplegaban en

            una  pesadilla  de  miembros  y  articulaciones.  Dientes

            prominentes y alas hipnóticas.



                El Cuervo se extendía desde la estación de la calle Perdido

            en una intrincada confusión de avenidas y callejuelas medio

            escondidas.  Las  principales  arterias  (la  calle  LeTissof,  el

            Paso Cocubek, el Bulevar Dos Ghérou) estallaban en todas

            direcciones alrededor de la estación y de la Plaza BilSantum.

            Eran avenidas amplias y atestadas, una confusión de carros,

            taxis y multitudes a pie.

                Todas las semanas abrían nuevas y elegantes tiendas en

            medio  de  la  confusión:  enormes  almacenes  que  ocupaban

            tres  plantas  de  lo  que  habían  sido  mansiones  nobiliarias;

            otros menores, algo más que establecimientos prósperos, con

            escaparates donde se exhibía lo último en productos de gas,

            intrincadas  lámparas  de  bronce,  encajes  de  extensión  a
            válvulas, pastilleros de lujo, ropas a medida.


                En  los  ramales  menores  que  se  extendían  desde  estas

            enormes calles como capilares, los despachos de abogados y

            doctores,  actuarios,  apotecarios  y  sociedades  benévolas
            competían  con  los  clubes  exclusivos.  Los  patricios

            patrullaban esas calles con trajes inmaculados.



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