Page 451 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Los dracos estaban asustados. Contaban historias sobre
monstruos en el cielo.
Por la noche se sentaban alrededor de los fuegos
pergeñados en los grandes basureros de la ciudad, y
abofeteaban a los niños para que se callaran. Se turnaban
para hablar de las repentinas ráfagas de aire y describían
seres horrendos. Veían sombras retorcidas en el cielo.
Habían sentido las gotas acres salpicar desde lo alto.
Estaban cazándolos.
Al principio no eran más que historias. Aun a pesar del
miedo, incluso disfrutaban con ellas. Pero después
comenzaron a conocer a los protagonistas. Sus nombres
ululaban a través de la ciudad por la noche, cuando se
encontraba a los cuerpos idiotas, babeantes. Arfamo y
Lateral; Mentolado y, lo más aterrador, Bichermo, el jefe de
la ciudad oriental. Nunca perdía una pelea. Nunca se retiraba.
Su hija lo había encontrado con la cabeza perdida,
moqueando por la boca y la nariz, con los ojos hinchados,
pálidos, alerta como un huevo podrido, entre los matorrales
junto a una oxidada torre de gas en el Parque Abrogate.
Se encontró a dos matronas khepri sentadas e inmóviles en
la Plaza de las Estatuas. Un vodyanoi quedó tumbado junto
al agua en la Sombra, con la enorme boca torcida en una
mueca imbécil. El número de humanos hallados sin mente
aumentó hasta alcanzar las dos cifras, y el ritmo no decaía.
Los ancianos del Invernadero en Piel del Río no decían si
había algún cacto afectado.
El Lucha contaba una noticia en su segunda página
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