Page 49 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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La puerta se abrió.
Frente a Lin estaba una enorme rehecha. Su rostro seguía
siendo el de la mujer lúgubre y bonita de siempre, con piel
oscura y el cabello largo y trenzado, pero se encontraba sobre
un esqueleto de hierro negro y peltre, de más de dos metros.
Se alzaba sobre un trípode de rígido metal telescópico. Su
cuerpo había sido adaptado al trabajo pesado, con pistones y
poleas que le daban lo que parecía una fuerza imbatible. Su
brazo derecho se extendía hacia la cabeza de Lin, y en el
centro de la mano de bronce se alojaba un peligroso arpón.
Lin retrocedió, aterrada y atónita.
Una voz fuerte surgió detrás de aquel ser de aspecto triste.
— ¿Señorita Lin? ¿La artista? Llega tarde. El señor
Motley lo está esperando. Por favor, sígame.
La rehecha dio un paso hacia atrás, equilibrándose sobre
su pierna central y girando las otras, dejando así espacio a
Lin para rodearla. El arpón no vaciló.
¿Hasta dónde eres capaz de llegar?, pensó Lin, entrando
en las tinieblas.
Al otro extremo del pasillo, totalmente negro, había un
varón cacto. Lin podía saborear su savia en el aire, aunque
muy débil. Medía dos metros diez, con miembros gruesos y
pesados. La cabeza rompía la curva de los hombros como un
peñasco, y la silueta quedaba marcada por nudos de duras
excrecencias. La piel verdosa era una masa de cicatrices,
espinas de ocho centímetros y diminutas florecillas rojas.
Le hizo un gesto con dedos retorcidos.
—El señor Motley puede permitirse el ser paciente —dijo
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