Page 51 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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figura patética que no dejaba de recordar a quienes le
escuchaban la triunfal exposición que había preparado, hacía
treinta años, para una escultora etérea ya muerta. Lin y la
mayoría de sus amigos lo veían con lástima y desprecio. Que
ella supiera, todos le dejaban tirar sus heliotipos y le daban
alguna moneda, incluso un noble, «como adelanto de su
comisión». Después desaparecía durante algunas semanas,
para aparecer con vómito en los pantalones o sangre en los
zapatos, zumbado por alguna droga nueva, empezando el
proceso una vez más.
Salvo aquella vez.
Gazid le había encontrado un comprador.
Cuando se sentó junto a ella en el Reloj y el Gallito, había
protestado. Aún no le tocaba el turno de aguantarlo, le
escribió en la libreta, pues le había «adelantado» toda una
guinea hacía una semana; pero Gazid la interrumpió,
insistiendo en que se fuera con él. Mientras los amigos de
Lin, la élite artística de los Campos Salacus, se reían y le
animaban a obedecer, Gazid le entregó una tarjeta blanca
impresa con un sencillo símbolo: un tablero de ajedrez de
tres por tres. En ella había escrita una breve nota:
Señorita Lin: mi jefe quedó más que impresionado con las
muestras de su obra que nos enseñó su agente. Se pregunta
si estaría interesada en reunirse con él para discutir un
posible encargo. Esperamos sus noticias.
La firma era ilegible.
Gazid era una miasma y un adicto a casi todas las
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