Page 536 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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susurró, antes de desaparecer.
Lo que fue una experiencia se convierte en sueño, y
después en recuerdo. No alcanzo a ver los límites entre los
tres.
La Tejedora, la gran araña, llegó entre nosotros.
En el Cymek la llamamos furiach-yajh-hett: el loco dios
danzante. Nunca esperé ver una. Llegó desde un embudo del
mundo para aparecer entre nosotros y los justicieros. Sus
pistolas quedaron en silencio. Las palabras murieron en las
gargantas como las moscas en la telaraña.
El loco dios danzante se movió por todo el lugar con pasos
salvajes, alienígenos. Nos reunió a todos los renegados, los
criminales. Los refugiados. Constructos que narran
historias; garudas incapaces de volar; reporteros que crean
las noticias; científicos criminales y criminales científicos.
El loco dios danzante nos reunió a todos como sus
adoradores errantes y nos castigó por apartarnos del
camino.
Sus manos como cuchillos destellaron y las orejas
humanas llovieron sobre el polvo. Yo fui perdonado. Mis
orejas, ocultas por las plumas, no son divertidas para este
poder enloquecido. A través de los ululos y los aullidos
desesperados de dolor, el furiach-yajh-hett trazaba círculos
de felicidad.
Y entonces se cansó y se desplazó por los pliegues de
materia, fuera del almacén.
A otro espacio.
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