Page 531 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Isaac.
Lemuel lanzó un desesperado grito de rabia y, blandiendo
su cuerno de pólvora contra los atacantes, los roció de un
polvo acre. Buscó su caja de pedernal pero ya los tenía
encima, blandiendo sus porras. El oficial del aguijón se
acercó, girando las hojas.
El aire en el centro del almacén vibró, incomprensible.
Dos soldados que se acercaban a aquel punto inestable se
detuvieron perplejos. Isaac y Yagharek, que portaban entre
ambos un enorme banco, se disponían a arrojarlo contra los
invasores cuando advirtieron el fenómeno. Se quedaron
quietos y observaron.
Como un brote místico, un parche de oscuridad orgánica
floreció de la nada en el centro de la estancia. Se expandió
en la realidad física con la facilidad animal de un gato
desperezándose. Se abrió sobre sí mismo y se alzó para
ocupar todo el espacio, un ser colosal, segmentado, una
inmensa presencia arácnida que irradiaba poder y absorbía
toda la luz del aire.
La Tejedora.
Yagharek e Isaac soltaron el banco al mismo tiempo.
Los soldados dejaron de golpear a Lemuel y se giraron,
alertados por la naturaleza cambiante del éter.
Todos se detuvieron a contemplar, sumidos en el espanto.
La Tejedora se había manifestado directamente sobre dos
trémulos oficiales que aullaban de terror. Uno dejó caer su
espada de la mano paralizada. El otro, más bravo pero no más
eficaz, alzó la pistola en su mano temblorosa.
La Tejedora bajó la mirada hacia aquellos dos hombres,
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