Page 539 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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detenerse y flexionar su glándula, reparando y conteniendo.
Un poco más allá se encontraba la tirante seda del Cymek.
Juro que percibí sus oscilaciones al combarse la telaraña
global bajo el peso del tiempo.
A mi alrededor vi un pequeño nudo localizado de gasa
material... Nueva Crobuzon. Y allí, rasgando las hebras
tejidas en su centro, había un feo rasguño. Se extendía hacia
fuera y dividía el trapo de la ciudad de telaraña, tomando la
multitud cromática y desangrándola, convirtiéndola en un
monótono blanco sin vida. Una vacuidad sin finalidad, una
pálida sombra mil veces más desalmada que el ojo de un
pozo ciego nacido en las cavernas.
Mientras observaba, mis ojos doloridos se abrieron con
comprensión, y vi que la herida se agrandaba.
Me asustaba terriblemente aquella llaga creciente, y me
sentí empequeñecido por la enormidad de la telaraña. Cerré
los ojos con fuerza.
No podía apagar mi mente, que corría desatada para
recordar cuanto había visto. No pude contenerla. No me
quedó más que una sensación de todo ello. Ahora lo
recuerdo como una descripción. El peso de su inmensidad
ya no está presente en mí.
Este es el recuerdo malsano que ahora me cautiva.
He bailado con la araña. He estado de fiesta con el loco
dios danzante.
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