Page 572 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Repararon en que, con la oscuridad, llegaban las
pesadillas. Aun despiertos, la náusea mental contaminaba el
sueño de la ciudad. Todos estaban nerviosos y quisquillosos.
Isaac había ocultado su mochila, que contenía los
componentes del motor de crisis, bajo un montón de tablones
de madera. Después descendieron, portando al constructo
por última vez. Isaac lo ocultó en un nicho creado por el
desprendimiento de la estructura del puente férreo.
— ¿Estarás bien aquí? —probó a preguntar, aún
sintiéndose absurdo por hablarle a una máquina. El
constructo no respondió, de modo que al fin desistió—.
Mañana nos vemos —le dijo mientras se alejaba.
Los cuatro fugitivos se abrieron paso clandestinamente a
través de la floreciente noche de Nueva Crobuzon. Lemuel
había llevado a sus compañeros por una ciudad alternativa de
derroteros ocultos y extraña cartografía. Evitaban las calles
cuando había callejones, y estos siempre que encontraban
canales rotos de hormigón. Habían pasado por patios
desiertos y azoteas, despertando a su paso a los indigentes
que se acurrucaban juntos para protegerse.
Lemuel era confiado. Manejaba con facilidad la pistola
cargada y preparada mientras trepaba y corría,
manteniéndolos cubiertos. Yagharek se había adaptado a su
cuerpo sin el peso de las alas. Sus huesos huecos y sus
músculos tensos se movían con eficacia. Se columpiaba con
agilidad por el paisaje arquitectónico, saltando obstáculos.
Derkhan llevaba la lengua fuera, pero no se permitía
quedarse atrás.
Isaac era el único cuyo sufrimiento era evidente, pues no
dejaba de resollar, toser y sentir arcadas. Lanzaba su peso
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