Page 575 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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sentado a la mesa, lo habían rajado y lo habían sujetado hasta
que murió. Después, le habían metido algo en la boca abierta.
Isaac se acercó a él. Endureció su ánimo y extendió la
mano, sacando un gran sobre de la boca seca.
Cuando le dio la vuelta, vio su nombre cuidadosamente
escrito. Miró el interior con nauseabunda premonición.
Hubo un momento, un brevísimo instante, en el que no
reconoció lo que contenía. Ligeras, casi sin peso, tuvo la
sensación de sacar un pergamino descompuesto, unas hojas
muertas. Después las sostuvo ante la pálida luz grisácea de
la luna y vio que se trataba de un par de alas khepri.
Isaac dejó escapar un sonido, una exhalación de atónita
fatalidad. Sus ojos se abrieron horrorizados.
—Oh, no —dijo, hiperventilando—. Oh no oh no no no...
Habían doblado y enrollado las alas, destrozado su
delicada sustancia, descamándolas en grandes parches de
materia traslúcida. Sus dedos temblaron al tratar de alisarlas.
Las puntas acariciaban la superficie rota. Susurraba una
única nota, un trémulo lamento. Buscó en el sobre y extrajo
una hoja de papel doblado.
Estaba escrita a máquina, con un tablero de ajedrez en lo
alto. Mientras leía, Isaac comenzó a llorar desarticulado.
Copia 1: Galantina (otras serán enviadas a Ciénaga Brock,
Campos Salacus)
Señor Dan der Grimnebulin:
Las khepri no pueden emitir sonidos, pero a juzgar por los
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