Page 569 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Al  final,  cuando  la  temperatura  cayó  y  todos  habían

            olvidado el hedor, se movieron. Había sido una larga y ardua

            jornada  a  través  de  las  entrañas  abovedadas  de  Nueva

            Crobuzon.  Lemuel  había  abierto  la  marcha,  las  pistolas
            preparadas.  Isaac,  Derkhan  y  Yagharek  tuvieron  que

            transportar  al  constructo,  incapaz  de  moverse  en  aquella

            espesa bazofia. Era pesado y escurridizo y se les había caído

            varias veces, se había golpeado y dañado; igual que ellos,

            que  resbalaban  maldiciendo  en  aquel  despojo,  apoyando

            manos y dedos contra las paredes de hormigón. Isaac no les

            permitía dejar al autómata atrás.

                Se habían movido con cuidado. Eran intrusos en el oculto

            y hermético ecosistema del alcantarillado, y habían estado

            atentos para esquivar a sus nativos. Al fin habían emergido

            tras la estación Salpetra, parpadeando y rezumando bajo la

            luz mortecina.

                Habían dormido en una pequeña cabaña desierta junto a

            las vías en Griss Bajo. Era un escondrijo audaz. Justo antes

            de que la línea Sur cruzara el Alquitrán por el puente Celosía,

            un  edificio  derruido  formaba  una  enorme  pendiente  de

            ladrillo aplastado y astillas de hormigón que parecía romper
            contra  las  vías  elevadas.  En  lo  alto,  silueteada  de  forma

            espectacular, vieron la cabaña de madera.


                Su propósito no estaba claro: era evidente que no había

            sido  tocada  en  años.  Los  cuatro  se  habían  arrastrado

            exhaustos  por  los  restos  industriales,  empujando  al

            constructo  frente  a  ellos,  a  través  del  alambre  raído  que
            supuestamente debía proteger la línea férrea de los intrusos.

            En los minutos transcurridos entre el paso de los trenes se

            habían acercado por el límite de hierba y maleza que rodeaba




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