Page 574 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 574
brisas que recorrían el arruinado e inseguro octavo piso y
ascendió al fin hasta lo alto de la torre.
Se encontraba frente a la familiar puerta de Lin. Puede que
no esté aquí, razonó. Probablemente siga con ese tipo, su
mecenas, haciendo su obra. En cuyo caso, tendré que... que
dejarle un mensaje.
Llamó a la puerta, que se abrió en silencio. El aliento se le
congeló en la garganta. Entró a toda prisa.
El aire hedía a sangre putrefacta. Recorrió el pequeño
espacio del ático hasta descubrir lo que allí le aguardaba.
Lucky Gazid lo observaba con mirada ciega, sentado en
una de las sillas de Lin, junto a la mesa, como si fuera a
comer. Su forma quedaba recortada en la poca luz que
llegaba desde la plaza. Los brazos de Gazid descansaban
sobre la mesa. Sus manos estaban tensas, duras como el
hueso. Tenía la boca abierta, obturada por algo que Isaac no
distinguía claramente. Estaba por completo empapado en
sangre, sangre que había formado un charco en la mesa,
goteando sobre la madera del suelo. Le habían abierto la
garganta. En la calina veraniega, los hambrientos insectos
nocturnos se arracimaban en la herida.
Se produjo un instante en el que Isaac pensó que podía
tratarse de una pesadilla, de uno de los sueños enfermizos
que afligían a la ciudad, defecado sobre su inconsciente,
escupido al éter por las polillas asesinas.
Pero Gazid no desaparecía. Era real, estaba muerto de
verdad.
Lo miró. Palideció ante el grito que era la expresión del
cadáver. Contempló sus manos, torcidas en garras. Lo habían
573

