Page 570 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 570

las vías y habían abierto las puertas de la polvorienta y oscura

            construcción.

                Allí, por fin, se habían relajado.


                La madera estaba retorcida y los tablones, mal encajados,

            dejaban entrar la luz. Vieron, a través de las ventanas sin
            cristal, a los trenes volar junto a ellos en ambas direcciones.

            Al norte, el Alquitrán trazaba una «S» cerrada que contenía

            la Aduja y el Meandro Griss. El cielo se había oscurecido

            hasta adoptar un grueso negro azulado. Alcanzaban a divisar

            los barcos de placer iluminados en el río. El enorme pilar

            industrial  del  Parlamento  se  alzaba  un  poco  al  este,

            contemplándolos tanto a ellos como al resto de la ciudad. Un

            poco más abajo de la Isla Strack, las luces químicas de las

            viejas compuertas fluviales siseaban y escupían, reflejando
            su  grasiento  fulgor  amarillo  en  el  agua  oscura.  Tres

            kilómetros al nordeste, apenas visibles tras el Parlamento, se

            alzaban las Costillas, viejos huesos cetrinos.


                Desde el otro lado de la cabaña divisaban el espectacular
            oscurecimiento  del  cielo,  aún  más  asombroso  por  el  día

            pasado  en  el  cieno  hediondo  de  Nueva  Crobuzon.  El  sol

            acababa de desaparecer y el cielo quedaba bisecado por la

            línea férrea que atravesaba la torre de la milicia en el Tábano.

            La ciudad era una silueta en capas, un intrincado y mortecino

            horizonte  de  chimeneas,  de  cubiertas  de  pizarra  que  se

            sujetaban  oblicuas  las  unas  a  los  otras  bajo  las  torres

            trenzadas  de  iglesias  dedicadas  a  dioses  oscuros,  de  los

            gigantescos  respiradores  priápicos  de  las  fábricas  que
            escupían humo sucio y quemaban el exceso de energía, de

            monolíticas torres como vastas lápidas de hormigón y del

            seco espacio de los parques.




                                                           569
   565   566   567   568   569   570   571   572   573   574   575