Page 573 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 573
excesivo tras el rastro de los ladrones, rompiendo pizarras
con sus enormes pisadas, sujetándose la barriga desdichado.
Maldecía sin parar cada vez que exhalaba.
Cortaron un rastro cada vez más profundo en la ciudad,
como si se recorrieran un bosque. Con cada paso, el aire se
tornaba más espeso. Tenían una sensación de equivocación,
de tensa inquietud, como si unas largas uñas arañaran la
superficie de la luna y les provocaba escalofríos en el alma.
A su alrededor oían los gritos de sueños perturbados y
patéticos.
Se detuvieron en el Tábano, a pocas calles de la torre de la
milicia, y tomaron agua de una bomba para lavarse y beber.
Después corrieron hacia el sur, a través del laberinto de
callejuelas entre la calle Shadrach y el paso Selchit, en
dirección a Galantina.
Y allí, en aquel lugar sobrenatural, casi desierto, Isaac
pidió a sus compañeros que esperaran. Entre bocanadas
desesperadas, les suplicó que se quedaran allí, que le
concedieran media hora con ella.
—Tenéis que darme un poco de tiempo para explicarle lo
que sucede —imploró.
Aceptaron y aguardaron en la oscuridad, en la base del
edificio.
—Media hora, Isaac —dejó claro Lemuel—. Después
subimos. ¿Entiendes?
Y, así, Isaac comenzó a ascender lentamente las escaleras.
La torre estaba fría, silenciosa. Hasta la séptima planta no
oyó el primer sonido, el murmullo somnoliento y el aleteo
incesante de las chovas. Reanudó la marcha, sintiendo las
572

