Page 582 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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A lo largo del día siguiente, la ciudad se convirtió en un
caliginoso generador de calor y pesadillas.
Los rumores sacudían los bajos fondos. Ma Francine había
sido hallada muerta, decían. Le había disparado por la noche,
tres veces, con un arco. Algún asesino independiente se había
ganado mil guineas del señor Motley.
No llegaban noticias desde el cuartel general en Kinken de
la Banda del Azúcar. Sin duda, había comenzado la guerra
interna por la sucesión.
Se encontraban cada vez más cuerpos comatosos,
imbéciles. La sensación de lento pánico cobraba velocidad
de forma perceptible. Las pesadillas no cesaban, y algunos
de los periódicos las relacionaban con los ciudadanos sin
mente hallados todos los días, derrumbados sobre sus mesas
frente a ventanas rotas, o tirados en la calle, atacados entre
los edificios por aflicciones llovidas del cielo. El débil olor
del limón podrido se aferraba a sus rostros.
Aquella plaga no discriminaba. Afectaba a completos y a
rehechos. Se encontraron humanos, khepri, vodyanoi y
dracos. Incluso los garuda de la ciudad comenzaban a caer,
así como otras criaturas aún más extrañas.
En el montículo de San Jabber, el sol se alzó sobre un trog
caído, sus pálidos miembros pesados y sin vida, aunque
siguiera respirando; estaba tendido boca abajo junto a un
trozo de carne robada. Debía de haberse aventurado a
medianoche desde las alcantarillas para conseguir comida,
solo para ser abatido.
En el Gidd Este, una escena aún más extraña aguardaba a
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