Page 59 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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humana. Comparte la depresión en la base de la garganta que

            tanto aman los poetas. Su piel tiene una sombra rojiza que la

            señalaría  como  inusual,  eso  es  cierto,  pero  podría  seguir

            pasando por humana. Sigo ese hermoso cuello humano hacia
            arriba...  No  dudo  que  usted  no  aceptaría  la  descripción

            «humano»,  pero  sea  indulgente  unos  instantes.  Sigo  ese

            cuello y ahí está... hay un momento... hay una estrecha zona

            en la que la suave piel humana se funde con la pálida crema

            segmentada bajo su cabeza. —Por primera vez desde que Lin

            entrara en el despacho, su interlocutor pareció estar buscando

            sus palabras—. ¿Ha creado alguna vez la estatua de un cacto?

            —Lin negó con la cabeza—. En cualquier caso, ¿los ha visto

            de cerca? Mi socio, el que la condujo hasta aquí, por ejemplo.
            ¿Reparó usted en sus pies, en sus dedos, en su cuello? Hay

            un momento en el que la piel, la piel de la criatura inteligente,

            se convierte en planta sin mente. Corte la base redondeada

            del pie de un cacto, que no sentirá nada. Pínchele en el muslo,

            donde es un poco más blando, y chillará. Pero ahí, en esa

            zona...  es  algo  totalmente  diferente:  los  nervios  están

            entrelazados, aprendiendo a ser planta suculenta, y el dolor
            es  lejano,  sordo,  difuso,  más  molesto  que  agónico.  Puede

            pensar en otros. En el torso de las jaibas o de los diminutos,

            en  la  repentina  transición  del  miembro  de  un  rehecho,  en

            muchas otras razas y especies de esta ciudad, e incontables

            más  en  el  mundo,  que  viven  con  una  fisonomía  mestiza.

            Usted quizá diga que no reconoce transición alguna, que las

            khepri son completas en sí mismas, que ver en usted rasgos

            «humanos» es una idea antropocentrista. Pero, dejando de

            lado la ironía de la acusación, una ironía que usted no es
            capaz siquiera de apreciar, sin duda reconocerá la transición

            en otras razas que la suya. Y, quizá, en el humano. ¿Y qué



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