Page 54 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Frenéticos chasquidos y ruidos se deslizaron hasta el
pasillo. El escolta cacto de Lin abrió una puerta oscura
rodeada de otras muchas, y se hizo a un lado.
Los ojos de Lin se acostumbraron a la luz. Se encontraba
en una sala de mecanografía. Era una estancia grande de
techo alto, pintada de negro como todo aquel lugar
cavernícola, bien iluminada con lámparas de gas y cubierta
por quizá cuarenta escritorios; sobre cada uno había una
aparatosa máquina de escribir, y frente a cada una un
oficinista copiando resmas de notas. Casi todos eran mujeres
humanas, aunque captó el olor de hombres y cactos, incluso
de un par de khepri y una vodyanoi que trabajaba con una
máquina de teclas adaptadas a sus enormes manos.
Alrededor de la sala había estacionados varios rehechos,
casi todos de nuevo humanos, aunque también había
presentes rarezas xenianas. Algunos eran rehechos
orgánicos, con garras, cornamenta y retales de músculo
injertado, pero en su mayoría se trataba de mecánicos; el
calor de sus calderas hacía que la sala se empequeñeciera.
Al final de la estancia había un despacho cerrado.
—La señorita Lin, al fin —tronó un altavoz sobre la puerta
en cuanto entraron. Ninguno de los trabajadores levantó la
cabeza—. Por favor, venga al despacho al otro lado de la
sala.
Lin se abrió paso entre los escritorios. Se fijó en los
papeles que estaban siendo copiados, algo de por sí difícil,
empeorado por la extraña luz de aquel cuarto de paredes
negras. Todos eran mecanógrafos expertos, leyendo las notas
y transfiriéndolas sin mirar ni el teclado ni el resultado de su
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