Page 56 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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—Sabe que llega tarde, ¿no?
¡Maldición! ¡Mira que llegar tarde precisamente a
aquella cita!, pensó frenética. Comenzó a escribir una
disculpa en su libreta, pero la voz la interrumpió.
—Conozco las señales, señorita Lin.
Lin dejó su libreta y se disculpó profusamente con las
manos.
—No se preocupe —replicó su anfitrión con falsedad—.
A veces pasa. El Barrio Óseo es implacable con los turistas.
La próxima vez sabrá que tiene que salir antes, ¿no es así?
Lin asintió, diciendo que sin duda así lo haría.
—Me gusta mucho su trabajo, señorita Lin. Tengo todos
los heliotipos que llegaron hasta Lucky Gazid. Ese hombre
es un triste imbécil, un patético deshecho. La adicción es
lamentable en casi todas sus formas, pero, por extraño que
parezca, tiene cierto olfato para el arte. También trabajaba
con esa mujer, Alexandrine Nevgets, ¿no? Pedestre, al
contrario que su propia obra, pero agradable. Siempre estoy
preparado para soportar a Lucky Gazid. Será una pena
cuando muera. Sin duda se tratará de un asunto sórdido,
como un cuchillo herrumbroso destripándolo lentamente por
unas meras monedas; o una enfermedad venérea relacionada
con las viles emisiones y el sudor de una puta adolescente; o
quizá le rompan los huesos para procesarlos: después de
todo, la milicia paga bien, y los drogadictos no tienen mucho
donde elegir a la hora de conseguir dinero.
La voz que flotaba desde el otro lado era melodiosa, y sus
palabras resultaban hipnóticas: todo lo convertía en un
poema. Sus frases acariciaban, aunque sus palabras eran
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