Page 55 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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trabajo.
«Respecto a nuestra conversación en el 30 de este mes,
rezaba una nota, le ruego considere su franquicia bajo nuestra
jurisdicción, a falta de arreglar los términos del acuerdo».
Lin prosiguió.
«Mañana vas a morir, cabrona, gusana de mierda. Vas a
envidiar a los rehechos, puta cobarde. Vas a gritar hasta que
te sangre la garganta», se leía en otra.
Oh, pensó Lin. Oh... ¡socorro!
La puerta del despacho se abrió.
— ¡Entre, señorita Lin, entre! —tronaba la voz desde la
trompeta.
Lin no titubeó.
Los armarios y estanterías cubrían la mayor parte de la
pequeña oficina. Había un pequeño y tradicional cuadro al
óleo de la Bahía de Hierro en una pared. Detrás del
voluminoso escritorio de madera se desplegaba una pantalla
ilustrada con siluetas de peces, una versión en grande de los
biombos tras los que se cambiaban los modelos de los
artistas. En el centro de la pantalla uno de los peces estaba
silueteado en espejo, lo que permitía a Lin mirarse en él.
Se quedó de pie, insegura, frente a la mampara.
—Siéntese, siéntese —dijo una voz queda detrás de la
pantalla. Lin retiró una silla frente al escritorio—. Puedo
verla, señorita Lin. La carpa espejada es una ventana a mi
lado. Considero educado que la gente lo sepa.
Parecía esperar una respuesta, de modo que Lin asintió.
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