Page 652 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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un brazo por el hombro. El hombretón sollozó como un niño,
con el sueño sobre Lin aún aferrándose a él.
Era una pesadilla casera, una genuina desventura nacida
de las profundidades de su mente.
Las dotaciones de la milicia estaban atareadas disponiendo
enormes espejos de metal pulido en la parte trasera de los
arneses aéreos.
Era imposible acondicionar la sala de máquinas o cambiar
la distribución de los camarotes, pero cubrieron las ventanas
frontales con gruesas cortinas negras. El piloto giraría el
timón a ciegas, instruido por los gritos de los oficiales a
medio camino de la cabina, o mirando por las ventanas
traseras, donde se habían instalado, sobre los enormes
propulsores, unos espejos orientados que ofrecían una vista
confusa del cielo frente al dirigible.
La tripulación, elegida personalmente por Motley, era
escoltada a la cima de la Espiga por la propia Stem-Fulcher.
—Asumo —dijo a uno de los capitanes, un taciturno
humano rehecho cuyo brazo izquierdo había sido
reemplazado por una levantisca pitón que trataba de
calmar— que saben cómo pilotar un aeróstato. —El asintió.
Ella no señaló la evidente ilegalidad de aquella habilidad—.
Usted pilotará el Honor de Beyn, y sus colegas el Avanc. La
milicia ha sido advertida. Vigilen el resto del tráfico aéreo.
Pensamos que querrían empezar esta misma tarde. Las presas
suelen permanecer inactivas hasta la noche, pero creemos
que sería buena idea que se hicieran a los controles.
El capitán no respondió. A su alrededor, la tripulación
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