Page 657 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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de desperdicios, hasta acurrucarse en un espacio oculto a la
ciudad. A los dos minutos, Lemuel apareció junto a ellos.
—Buenas tardes a todos —sonreía, satisfecho.
— ¿Cómo has llegado aquí? —preguntó Isaac.
Lemuel rió con disimulo.
—Por las cloacas. Tenía que apartarme de la vista. No es
tan peligroso con la gente que traigo —Su sonrisa
desapareció al reparar en la ausencia—. ¿Dónde está
Yagharek?
—Insistió en que tenía que ir a algún sitio. Le dijimos que
se quedara, pero se negó. Dijo que nos veríamos aquí,
mañana a las seis.
Lemuel maldijo.
— ¿Por qué lo dejasteis marchar? ¿Y si lo capturan?
—Mierda, Lem, ¿y cómo iba a detenerlo, en nombre de
Jabber? —susurró Isaac—. No puedo sentarme encima de él.
Puede que sea alguna mierda religiosa, o alguna chorrada
mística del Cymek. Puede que crea que está a punto de morir
y que tiene que decir adiós a sus putos antepasados. Le dije
que no lo hiciera, y él me dijo que lo haría.
—Bueno, da igual —musitó Lemuel irritado. Se giró y
miró por encima del hombro. Isaac vio un pequeño grupo de
figuras acercándose—. Estos son nuestros empleados. Les
estoy pagando, Isaac, y lo apunto en la cuenta.
Eran tres, reconocibles de inmediato y sin duda alguna
como aventureros: bribones que vagaban por Ragamol, el
Cymek, Felid y, probablemente, todo Bas-Lag. Eran duros y
peligrosos, ingobernables, desprovistos de lealtad y moral.
Vivían de su astucia, robando y matando, contratándose a
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