Page 653 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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comprobaba su equipo y revisaba los ángulos de los espejos

            en  los  cascos.  Eran  adustos  y  fríos.  Parecían  menos

            temerosos  que  los  oficiales  de  la  milicia  a  los  que  Stem-

            Fulcher  había  dejado  abajo,  en  la  sala  de  entrenamiento,
            practicando la puntería a través de espejos, disparando por la

            espalda. Los hombres de Motley, después de todo, habían

            tratado con las polillas hacía menos tiempo.


                Como uno de sus propios soldados, vio que una pareja de

            gángsteres portaba lanzallamas, mochilas rígidas de aceite

            presurizado  que  se  incendiaba  al  escupirlo  un  cañón
            prendido.  Habían  sido  modificados,  como  los  de  sus

            hombres, para rociar el aceite ardiente directamente desde la

            mochila.


                Stem-Fulcher robó otro vistazo a las extraordinarias tropas
            rehechas de Motley. Era imposible averiguar cuánto material

            orgánico  conservaban  bajo  las  capas  de  metal  injertado.

            Desde luego, la impresión era la de una sustitución casi total,

            con cuerpos esculpidos con exquisito e inusual cuidado para

            imitar la musculatura humana.

                A primera vista, no había carne aparente. Los rehechos

            tenían cabezas de acero moldeado, e incluso sus rostros eran

            de  impávido  metal:  pesados  ceños  industriales,  ojos

            insectiles  de  piedra  o  cristal  opaco,  nariz  delgada,  labios

            apretados y mejillas de un oscuro brillo, como el del peltre

            pulido.  Aquellas  expresiones  habían  sido  esculpidas  con

            propósitos estéticos.

                Stem-Fulcher solo había reparado en que eran rehechos, y

            no fabulosos constructos, cuando alcanzó a divisar la nuca

            de uno de ellos. Embebido bajo el espléndido rostro de metal

            había otro humano, mucho menos perfecto.



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