Page 648 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 648
perros, pero ni se movieron. Como sospechábamos. Si secas
al anfitrión, secas también al manecro.
Se recostó en la silla y observó a las dos figuras
traumatizadas ante él.
—Así que... —dijo lentamente, después de un pequeño
silencio—. Yo soy Bentham Rudgutter. Vamos a suponer
que me decís quiénes sois, dónde está Montjohn Rescue y
qué ha sucedido.
En una sala de reuniones cerca de la cima de la Espiga,
Eliza Stem-Fulcher miraba al cacto que estaba sentado al
otro lado de la mesa. Era bastante más alto que ella, y su
cabeza se alzaba desde los hombros sin cuello aparente. Los
brazos estaban inmóviles sobre la mesa, enormes trancas
como las ramas de un árbol. La piel era moteada y estaba
marcada por cientos, miles de heridas cicatrizadas, al estilo
de los cactos, que formaban gruesos nudos de materia
vegetal.
El xeniano podaba sus espinas de forma estratégica. Los
interiores de los brazos y las piernas, las palmas... Allá donde
la piel pudiera frotarse o apretarse contra la carne, estaba
desprovista de puntas. Una tenaz flor roja permanecía en su
mejilla desde la primavera. En su pecho y sus hombros se
adivinaban nudos y brotes.
Esperaba en silencio a que hablara Stem-Fulcher.
—Hemos sabido —dijo ella con cuidado— que vuestras
patrullas de tierra fueron ineficaces anoche. Como las
nuestras, debería añadir. Aún tenemos que verificarlo, pero
parece que puede haber habido cierto contacto entre las
647

