Page 661 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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escondido los espejos y el resto del material para los cascos.
—Tenemos materia prima más que de sobra —explicó,
acuclillándose junto a la pila. Tomó un escurridor, una
tubería de cobre y, después de rebuscar un momento, dos
grandes trozos de espejo. Los agitó vagamente frente a
Tansell—. Necesitamos cascos que se ajusten bien firmes, y
uno es para un garuda que ahora no está aquí. —Ignoró la
mirada que el mercenario intercambió con sus compañeros—
. Y después hay que fijar estos espejos en la parte frontal, con
un ángulo que nos permita ver fácilmente a nuestra espalda.
¿Crees que podrás hacerlo?
Tansell miró a Isaac desdeñoso y se sentó con las piernas
cruzadas frente a la pila de metal y cristal. Se puso el
escurridor en la cabeza, como un niño jugando a los
soldados. Susurró muy bajas unas extrañas palabras y
comenzó a masajearse las manos con rápidos e intrincados
movimientos. Tiró de sus nudillos y amasó el talón de las
palmas.
Durante varios minutos no sucedió nada. Entonces, de
repente, los dedos comenzaron a brillar desde dentro, como
si sus huesos se iluminaran.
Tansell acarició el escurridor, como si lo estuviera
haciendo con un gato.
Poco a poco, el metal cobró forma bajo sus peticiones. Se
ablandaba con cada pasada, ajustándose con más firmeza a
la cabeza, aplanándose, distendiéndose en la parte posterior.
Tiró y amasó hasta que se acopló a la perfección a su cráneo.
Entonces, aún susurrando extraños sonidos, manipuló la
parte delantera, ajustando el labio metálico, desdoblándolo y
alejándolo de los ojos.
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