Page 688 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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de la altura de la cúpula. Cada uno de los niveles estaba
cubierto por la vegetación del desierto y la sabana,
floreciente de rojos y naranjas contra las pieles enceradas,
verdosas.
A su alrededor se había limpiado un pequeño anillo de
tierra de unos seis metros de anchura, más allá del cual se
habían conservado las casas y calles de Piel del Río. El
conjunto consistía en un rompecabezas, una colección de
calles sin salida y comienzos de avenidas, allí la esquina de
un parque y allá media iglesia, incluso el muñón de un canal,
ahora un arroyuelo de agua estancada, cortado por el borde
de la cúpula. Las calles cuajaban la pequeña ciudad con
ángulos extraños y quedaban cortadas las carreteras allá
donde había caído el domo. En el interior había quedado un
aleatorio grupo de callejuelas y avenidas selladas bajo el
cristal. Su contenido había cambiado, aunque las figuras eran
más o menos las mismas.
El caótico agregado de tocones urbanos había sido
reformado por los cactos. Lo que hacía años había sido una
amplia avenida era ahora un jardín botánico, cuyos extremos
derramaban hierba sobre las casas adyacentes, como
caminos desde las puertas de entrada que indicaran las rutas
entre las huertas de calabazas y rábanos.
Los techos se habían eliminado hacía cuatro generaciones,
para convertir las casas humanas en hogares para sus nuevos
y más altos habitantes. En las azoteas y los patios se habían
añadido piezas con la extraña forma de la pirámide
escalonada en el centro del Invernadero. En todos los
espacios posibles se habían encajado construcciones
adicionales para atestar el domo de cactos; extrañas
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