Page 692 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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pesados arcos huecos que portaban eran evidentes. De los
cintos colgaban destrales, y algunas hachas de batalla
relucían bajo una luz cada vez más rojiza.
Había más de aquellas patrullas junto a los puestos del
enorme mercado, concentrados en el nivel inferior del
templo y recorriendo las calles con paso lento, sus arcos
cargados y preparados.
Yagharek vio las miradas que recibían aquellos guardias
armados por parte de la población, los saludos nerviosos, las
frecuentes ojeadas al cielo.
No pensaba que aquella situación fuese muy normal.
Algo inquietaba al pueblo cacto. Podían ser truculentos y
taciturnos, pero aquel apagado aire amenazador era ajeno a
todo cuanto había conocido en Shankell. Quizá, reflexionó,
aquellos cactos fueran distintos, una raza más sombría que
sus hermanos del sur. Pero sentía pinchazos en la piel. El aire
estaba cargado.
Se concentró y comenzó a escudriñar el interior de la
cúpula con ojo severo y riguroso. Abarcó toda la
circunferencia interior con un largo y lento barrido, trazó
después una espiral hacia el centro, examinó e investigó el
círculo de casas y calles un poco más hacia el interior,
acercándose cada vez más.
De aquel modo exacto y metódico podía revisar cada
rincón y nicho de las superficies del Invernadero. Sus ojos se
detenían un instante en las imperfecciones de la piedra roja
antes de proseguir.
A medida que el día se acercaba a su fin, el nerviosismo
del pueblo cacto pareció aumentar.
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