Page 687 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 687
golpeando el cristal para probarlo, deslizándose lo más
rápido que pudo hacia una viga de metal para asirse a ella.
Mientras se movía, reparó en lo fácil que le resultaba trepar.
Todas aquellas semanas interminables de escaladas
nocturnas en el tejado del taller de Isaac, por torres desiertas
en busca de los acantilados de la ciudad, le habían dado
seguridad y confianza. Parecía ser más un simio que un
pájaro.
Se deslizó nervioso sobre los sucios paneles, hasta que
superó la última barrera de vigas que lo separaba de la grieta
en el cristal. Tenía la abertura frente a él.
Al inclinarse, pudo sentir el calor procedente del interior
iluminado. La noche era cálida, pero la temperatura en el
domo debía de ser bastante alta.
Ató con cuidado el gancho alrededor de la pieza metálica
que rodeaba la grieta y tiró con fuerza para comprobar el
anclaje. Después dio tres vueltas con la cuerda alrededor de
su cintura y ató el otro extremo cerca del gancho. Metió la
cabeza entre los bordes cortantes de cristal.
Era como introducir la cara en un recipiente de té fuerte.
El aire en el interior del Invernadero era tórrido, casi
sofocante, lleno de humo y vapor. Brillaba con una áspera
luz blanquecina.
Yagharek parpadeó para limpiarse los ojos, los escudó y
miró hacia la ciudad de los cactos.
En el centro, bajo el enorme cristal del ápice, se habían
derribado los edificios para construir un templo de piedra.
Era de piedra rojiza, un zigurat que se alzaba hasta un tercio
686

