Page 72 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Sin dudarlo un instante, el garuda buscó en una bolsa y
extrajo un enorme puñado de pepitas de oro retorcidas y
sucias. Isaac abrió los ojos como platos.
— Bueno... eh, gracias. Desde luego, acepto algunos
gastos, tarifas por hora, etc.
Yagharek entregó la bolsa al científico.
Isaac consiguió no lanzar una exclamación cuando la
sopesó. Miró el interior, que contenía una capa tras otra de
oro tamizado. Era indigno, pero se sintió casi hechizado.
Aquello representaba más dinero del que nunca había visto
reunido, el bastante para cubrir el coste de muchos
experimentos y seguir viviendo bien durante meses.
Yagharek no era un negociador, eso estaba claro. Podía
haberle ofrecido la tercera parte, la cuarta parte, y seguiría
teniendo a sus pies a casi cualquiera en la Ciénaga Brock.
Tendría que haber guardado una fracción, para usarla si el
interés se desvanecía.
Puede que ya lo haya hecho, pensó Isaac, abriendo aún
más los ojos.
— ¿Cómo puedo contactar contigo? —dijo, aún mirando
el oro —. ¿Dónde vives?
Yagharek sacudió la cabeza sin decir palabra.
—Bueno, tendré que poder ponerme en contacto contigo...
—Yo vendré a ti —replicó el garuda—. Cada día, cada dos
días, cada semana... Me aseguraré de que no olvides mi caso.
—Por eso no te preocupes, te lo aseguro. ¿Me estás
diciendo en serio que no podré enviarte mensajes?
—No sé dónde estaré, Grimnebulin. Aborrezco esta
ciudad. Me acosa. Debo mantenerme en marcha.
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