Page 73 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Isaac se rindió con un encogimiento de hombros y
Yagharek se incorporó para marcharse.
— ¿Comprendes lo que quiero decir, Grimnebulin? No
quiero tener que tomar una poción. No quiero tener que
portar un arnés. No quiero tener que meterme en un artefacto.
No quiero un viaje glorioso a las nubes seguido por una
eternidad encadenado al suelo. Quiero que me dejes saltar de
la tierra con la facilidad con la que tú pasas de un cuarto a
otro. ¿Puedes conseguirlo, Grimnebulin?
—No lo sé —respondió con cuidado Isaac—, pero creo
que sí. Por lo que sé, soy tu mejor apuesta. No soy químico,
ni biólogo, ni taumaturgo... Soy un diletante, Yagharek, un
indagador. Pienso en mí... —hizo una pausa y rió
brevemente. Hablaba con espeso entusiasmo—. Pienso en mí
como en la estación principal de todas las escuelas de
pensamiento. Como la estación de la calle Perdido. ¿La
conoces? —Yagharek asintió—. Inevitable, ¿no es así?
Enorme, la hija puta. —Se palmeó la barriga para mantener
la analogía—. Todas las líneas férreas se encuentran allí: la
Sur, la Dexter, la Verso, la Principal y la Hundida: todas
tienen que pasar por ella. Así soy yo. Ese es mi trabajo. Esa
es la clase de científico que soy. Estoy siendo franco contigo.
Como ves, creo ser aquel al que necesitas.
Yagharek asintió. Su rostro predador era anguloso, duro.
Las emociones eran invisibles. Había que descodificar sus
palabras. No era su expresión, ni sus ojos, ni su porte (antaño
orgulloso e imperioso), ni su voz lo que permitían a Isaac
percibir su desespero. Eran sus palabras.
— Sé un diletante, un estafador, un canalla... mientras me
devuelvas los cielos, Grimnebulin.
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