Page 758 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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harán lo que deban para limpiar la cúpula, lo terminarán,
son presa del pánico, no son torturadores, pensó, solo
quieren ponerle fin al horror... Le pondrán fin en cualquier
momento, pensó, sintiéndose miserable. Esto terminará
ahora mismo.
Y sin embargo el sonido de los gritos de Lemuel continuó
mientras descendía a la fétida oscuridad y mientras colocaba
la tapa metálica sobre su cabeza. E incluso entonces se
filtraron, tenues y absurdos, por la tapa, incluso después de
que Isaac se dejara caer sobre el arroyo de aguas fecales y
cálidas y se arrastrara por él en pos de los demás
supervivientes. Incluso creyó que podía oírlos mientras
avanzaba penosamente, envuelto en los sonidos goteantes,
chorreantes y reverberantes de las aguas, bajo la fuerte
corriente, a lo largo de aquellos canales ancestrales, como
venas sinuosas, alejándose del Invernadero en una confusa y
desordenada huida hacia la relativa seguridad de la inmensa
ciudad nocturna.
Pasó mucho tiempo antes de que cesaran.
La noche es inconcebible. Solo podemos correr.
Proferimos sonidos animales mientras corremos para
escapar de lo que hemos visto. El miedo y la repulsión y unas
emociones que nos son ajenas se aferran a nosotros y
dificultan nuestros movimientos. No podemos quitárnoslos
de encima.
Nos arrastramos siguiendo nuestro serpenteante camino
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