Page 889 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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que yacían diseminados sobre el tejado.
Mientras observaban, la Tejedora alargó una de sus patas
y apresó a un amedrentado soldado, que aulló de terror
mientras lo izaba por la cabeza. El hombre sacudió
violentamente los brazos, pero la Tejedora los apartó y lo
abrazó como si fuera un niño.
...NOS VAMOS DE CAZA AHORA HEMOS DE
MARCHARNOS... SUSURRÓ a todos los presentes.
Caminó de lado hasta la cornisa del tejado, como si no
estuviese cargando peso alguno, y desapareció.
Durante dos o tres segundos, solo la lluvia, espasmódica y
deprimente, sonó sobre el tejado. Entonces Mediamisa lanzó
una última ráfaga de disparos desde lo alto, obligando a
desperdigarse tanto a los milicianos como a los rehechos.
Cuando todos ellos volvieron a salir cautelosamente, no hubo
nuevos ataques. Jack Mediamisa había desaparecido.
La Tejedora y sus acompañantes no habían dejado el
menor rastro.
La polilla asesina volaba entre corrientes de aire. Estaba
asustada y frenética.
Cada cierto tiempo dejaba escapar un chillido en diversos
registros sónicos, pero no recibía respuesta. Sentía miseria y
confusión.
Y al mismo tiempo, por encima de todo ello, su infernal
apetito estaba creciendo de nuevo. No se había librado de su
hambre.
Debajo de ella el Cancro fluía por la ciudad, moteado por
las pequeñas luces sucias de las barcazas y las embarcaciones
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