Page 890 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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de placer que recorrían su negra superficie. La polilla se
frenó y empezó ascender en espiral.
Una línea de humo sucio era arrastrada lentamente sobre
el rostro de Nueva Crobuzon, que dejaba marcado como con
un tachón de lápiz, mientras un tren tardío se dirigía hacia el
este por la línea Dexter, a través de Gidd y el Puente
Barguest, cruzando las aguas en dirección a la estación de
Señor Cansado y el Empalme Sedim.
La polilla pasó rápidamente sobre Prado del Señor, planeó
bajo sobre los tejados de la facultad universitaria, se detuvo
un breve instante en el tejado de la Catedral de la Urraca en
Salbur y se alejó revoloteando, presa del hambre y de un
miedo solitario. No podía descansar. No podía canalizar su
rapacidad para alimentarse.
Mientras volaba, reconoció la configuración de luz y
oscuridad que había debajo de ella. Sintió una súbita
llamada.
Tras las líneas del ferrocarril, elevándose desde la
polvorienta y decrépita arquitectura del Barrio Oseo, las
Costillas penetraban en el aire de la noche trazando una
colosal curva de marfil. Hicieron brotar un recuerdo en la
cabeza de la polilla asesina. Recordó la dudosa influencia de
aquellos antiguos huesos que habían convertido al Barrio
Óseo en un lugar temible, un lugar del que era mejor escapar,
un lugar cuyas corrientes de aire eran impredecibles y donde
marejadas nocivas podían contaminar el éter. Imágenes
distantes de los días que había pasado apresada mientras la
ordeñaban lascivamente, absorbían sus glándulas hasta
dejarlas secas, una sensación nebulosa de succión en las
tetillas, pero sin que hubiera nada allí... Los recuerdos
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