Page 935 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Se quedó paralizado y esperó a que se detuvieran, a que
desaparecieran en una de las habitaciones de los mendigos.
No lo hicieron. Recorrieron con paso deliberado los dos
últimos tramos de escalera, caminando con cuidado sobre los
ruidosos escalones hasta detenerse frente a su puerta.
Isaac seguía inmóvil. Su corazón latía con fuerza,
alarmado. Miró desesperadamente a su alrededor, en busca
de su arma.
Alguien llamó a la puerta. Isaac no dijo nada.
Después de un momento, quienquiera que se encontrase
fuera volvió a llamar: no fuerte, pero sí rítmica e
insistentemente, repetidas veces. Isaac se aproximó tratando
de no hacer ruido. Vio a Lin, agitándose incómoda a causa
del ruido.
Había una voz al otro lado de la puerta, una voz extraña,
áspera, familiar, toda ella un trémolo gorjeante. Isaac no
podía entenderla, pero alargó la mano hacia la puerta,
repentinamente molesto y agresivo y preparado para
enfrentarse a los problemas. Rudgutter habría enviado un
maldito escuadrón entero, pensó mientras sus dedos se
cerraban sobre el pomo, debe de ser algún mendigo pidiendo.
Y aunque no creía esto último, estaba seguro de que no se
trataba de la milicia ni de los hombres de Motley.
Abrió la puerta.
Frente a él, en las escaleras sin luz, ligeramente inclinado
hacia delante, el enjuto y emplumado rostro multicolor como
si estuviera cubierto de hojas secas, el pico curvo y brillante,
como un arma exótica, se encontraba un garuda.
Vio al instante que no se trataba de Yagharek.
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