Page 936 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Sus alas se erguían y se hinchaban a su alrededor como
una corola, vasta y magnífica, con plumas de color ocre y de
un suave marrón manchado de rojo.
Isaac había olvidado el aspecto que tenía un garuda que no
hubiese sido mutilado. Había olvidado la extraordinaria
escala y grandeza de aquellas alas.
Comprendió lo que estaba ocurriendo casi de inmediato,
de un modo intuitivo e irracional. Una intimidación muda se
abatió sobre él.
Detrás de ella, una fracción de segundo más tarde, vino
una ráfaga enorme de duda y alarma y curiosidad y una
bandada de preguntas.
— ¿Quién coño eres tú? —jadeó—. ¿Qué cono estás
haciendo aquí? ¿Cómo has dado conmigo...? ¿Qué...?—las
respuestas medio formuladas lo asaltaban, se apartó
rápidamente del umbral, tratando de espantarlas.
—Grim... neb... lin... —el garuda pugnó con su nombre.
Sonaba como si fuera un demonio siendo invocado. Isaac
agitó rápidamente el brazo para indicar al garuda que lo
siguiera al interior de la pequeña habitación. Cerró la puerta
y apoyó la silla contra ella.
El garuda caminó hasta el centro de la habitación,
iluminado por los rayos del sol. Isaac lo observaba con
cautela. Llevaba un taparrabos polvoriento y nada más. Su
piel era más oscura que la de Yagharek, la emplumada
cabeza más colorida. Se movía con increíble economía,
pequeños movimientos bruscos y muy silenciosos, con la
cabeza ladeada como para poder abarcar con la vista toda la
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