Page 354 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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los  apretaba  hasta  que  se  quedaban  sin  aire  y  se


             convertían  en  simples  trozos  de  papel  plegado  y

             aplastado.  Yo  tenía  entonces  que  soplarles  aire  para

             volverlos  a  inflar  y  que  así  pudieran  continuar


             correteando un rato más.


                    A  veces,  los  animales  se  metían  en  líos.  En  una


             ocasión durante la cena, el búfalo de agua saltó a un

             cuenco con salsa de soja que había en la mesa (quería

             revolcarse,  como  un  verdadero  búfalo  de  agua).  Lo


             saqué a toda prisa, pero por efecto de la capilaridad el

             líquido oscuro ya le había subido bastante por las patas.

             Ablandadas por la salsa,  estas  ya no  eran capaces  de


             sostenerlo, y el animal se desplomó sobre la mesa. Lo

             sequé al sol, pero se le quedaron torcidas y cojeaba al

             correr.  Mi  madre  terminó  por  envolvérselas  con  film

             transparente  para  que  pudiera  revolcarse  a  gusto


             (aunque no en la salsa de soja).



                    O  Laohu,  al  que  le  gustaba  abalanzarse  sobre  los

             gorriones cuando jugaba conmigo en el jardín trasero.

             Hasta  que  un  día,  un  pájaro  acorralado  contraatacó


             presa de la desesperación y le arrancó una oreja. Laohu

             gimoteó e hizo gestos de dolor mientras yo lo sujetaba

             para que mi madre se la pegara con cinta adhesiva. A

             partir de entonces evitó los pájaros.




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