Page 609 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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trabajarán siete días a la semana y dieciséis horas al día.
Y lo harán porque codician el oro con todo su corazón y
están hasta las orejas de ese pecaminoso opio, así que no
se detendrán ni un instante para meditar sobre la gloria
del Señor, ni siquiera los domingos. Y he visto cómo
comen. Son como langostas: sobreviven a base
únicamente de hortalizas y arroz baratos, cuando los
buenos hombres y mujeres cristianos necesitan carne
para conservar las fuerzas. Y, a diferencia de nuestros
hombres, no gastan dinero divirtiéndose recta y
sanamente con sus compañeros, que es lo que permite
salir adelante a las tiendas y tabernas de la ciudad, sino
que malgastan las veladas entonando sus plañideras
canciones cacofónicas y narrando sus enigmáticas
historias. Y por fin, cuando cae la noche y todas las
familias cristianas se retiran para reunirse en la
intimidad alrededor del fuego familiar —y llegado a
este punto hizo una pausa para lanzar a Jack una
significativa mirada—, apiñan el mayor número de
cuerpos en el menor número de camas posible para
ahorrar en el alquiler.
—¡Vaya, Elsie! —exclamó Jack riéndose a
mandíbula batiente—. Sabía que determinados elogios,
tibios o sin fundamento, pueden sonar a crítica, pero no
sabía que también se da el efecto contrario. Porque te
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