Page 100 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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compañero-. Aunque diga que no, su alma empieza a
                   entender, y está diciendo que sí."
                            El demonio del extranjero se sentía humillado,
                   porque el recién llegado se daba cuenta de que no
                   era lo suficientemente fuerte para acallar al
                   hombre.
                   "Las palabras no llevan a ninguna parte
                   -respondió-. Dejemos que hablen, la vida se
                   encargará de que actúen de una manera diferente."


                   -No quería interrumpirte -prosiguió el
                   extranjero-. Por favor, sigue hablándome de la
                   justicia de Dios.
                            Chantal se alegró de no tener que escuchar más
                   aquello que no deseaba oír.
                   -No sé si tiene mucho sentido. Debes de haber
                   notado que Viscos no es un pueblo muy religioso,
                   aunque tenga una iglesia, como los demás pueblos
                   de la comarca. Precisamente porque Ahab, a pesar
                   de que San Sabino lo hubiera convertido, tenía
                   serias dudas por lo que respecta a la influencia
                   de los curas. Como la mayor parte de los primeros
                   habitantes de Viscos eran bandidos, creía que los
                   sacerdotes los llevarían de vuelta a la
                   delincuencia con sus amenazas de tormentos
                   eternos. Quien no tiene nada que perder jamás
                   piensa en la vida eterna.
                            »En cuanto apareció el primer cura, Ahab
                   captó la amenaza. Para compensarla, instituyó un
                   ritual que había aprendido de los judíos: el día
                   del perdón. Pero adaptó el ritual a su manera.
                            »Una vez al año, la gente del pueblo se
                   encerraba en sus casas, hacían dos listas, se
                   volvían en dirección a la montaña más alta, y
                   elevaban la primera lista hacia al cielo.
                   »-Aquí tienes, Señor, mis pecados para contigo
                   -decían al leer la relación de faltas que habían
                   cometido. Trapicheos en los negocios, adulterios,
                   injusticias y cosas por el estilo-. He pecado
                   mucho y Te pido perdón por haberte ofendido tanto.
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