Page 104 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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ganado, matando a los hijos, llenando su cuerpo de
                   llagas. Hasta que, después de muchos sufrimientos,
                   Job se rebela y blasfema contra el Señor. Sólo en
                   ese momento, Dios le devuelve todo lo que le había
                   quitado.
                            »Hace años que estamos presenciando la
                   decadencia de este pueblo; y ahora se me ocurre
                   que tal vez esto sea fruto de un castigo divino,
                   precisamente porque siempre aceptamos lo que nos
                   dan sin protestar, como si mereciéramos perder el
                   lugar donde vivimos, los campos donde cultivamos
                   el trigo, las ovejas, las casas que fueron
                   erguidas con los sueños de nuestros ancestros. ¿No
                   habrá llegado el momento de rebelarnos? Si Dios
                   obligó a Job a hacerlo, ¿no nos estará pidiendo lo
                   mismo?
                            »¿Por qué Dios obligó a Job a rebelarse? Para
                   demostrar que su naturaleza era mala, y que todo
                   lo que le concedía era por su gracia, no por su
                   buen comportamiento. Hemos pecado de orgullo al
                   creernos demasiado buenos, y de ahí viene el
                   castigo que estamos sufriendo.
                   »Dios aceptó la apuesta del Demonio, y -aparentemente-
                   cometió una injusticia. Acuérdense de esto: Dios
                   aceptó la apuesta del Demonio. Y Job aprendió la
                   lección, porque, al igual que nosotros, pecaba de
                   orgullo al creerse un hombre bueno.
                            »"Nadie es bueno", dice el Señor. Nadie. ¡Ya
                   basta de fingir una bondad que ofende a Dios!
                   Aceptemos nuestras faltas, si algún día fuera
                   preciso aceptar la apuesta del Demonio, recordemos
                   que Nuestro Señor, que está en los cielos, lo hizo
                   para salvar el alma de su siervo Job.


                            El sermón había terminado. El sacerdote
                   pidió que se levantaran, y siguió con el oficio
                   religioso. No tenía ninguna duda de que todos
                   habían comprendido el mensaje.


                   -¡Vámonos! Cada uno por su lado, yo con mi
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