Page 106 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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estar recorriendo, transpirando odio por todos sus
poros. Se había topado con dos lobos en un mismo
día, al primero le asustaba el fuego, al segundo,
ya no le asustaba nada, porque había perdido todo
lo que era importante para él, y ahora avanzaba,
ciegamente, con la intención de destruir todo lo
que se interpusiera en su camino.
Corrió tanto como pudo, pero no lo encontró.
Debía de estar en el bosque, con la antorcha
apagada, desafiando al lobo maldito; deseando
morir con tanta intensidad como deseaba matar.
Llegó al pueblo, fingió que no oía a Berta,
que la llamaba, se cruzó con el gentío que salía de
la iglesia y le extrañó que prácticamente todo el
pueblo hubiera ido a misa. El extranjero quería un
crimen y había terminado por llenar la agenda del
cura; sería una semana plagada de confesiones y
arrepentimientos, ¡como si fuera posible engañar a
Dios!
Todos la miraron pero nadie le dirigió la
palabra. Ella resistió cada una de las miradas,
porque sabía que no era culpable de nada, que no
necesitaba confesarse, sólo era el instrumento de
un juego maligno que, poco a poco, empezaba a
entender, y no le gustaba nada lo que estaba
viendo.
Se encerró en su cuarto y miró por la ventana.
El gentío ya se había dispersado: de nuevo estaba
pasando algo raro; la aldea estaba demasiado
desierta para un sábado de sol como aquél. En
general, la gente se quedaba charlando en pequeños
grupos, en la plaza donde estuvo la horca y ahora
había una cruz.
Se quedó un buen rato contemplando la calle
vacía, sintiendo en su rostro el sol que no
calentaba, porque el invierno estaba empezando. Si
la gente estuviera en la plaza, estarían hablando
justamente de eso, del tiempo. De la temperatura.
De la amenaza de lluvia o de sequía. Pero hoy
todos estaban en sus casas, y Chantal no sabía por

