Page 109 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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Santa de Jerusalén, así como perdonaste a los
                   Inquisidores que querían preservar la pureza de Tu
                   Iglesia, así como perdonaste a aquellos que Te
                   injuriaron y Te clavaron en una cruz, perdónanos
                   porque nos vemos obligados a ofrecer un sacrificio
                   para salvar al pueblo.
                   -Pasemos a la parte práctica -dijo la mujer del
                   alcalde, levantándose-. ¿Quién será ofrecido en
                   holocausto? ¿Y quién ejecutará el sacrificio?
                   -La chica a quien tanto hemos ayudado y apoyado
                   nos ha traído al Demonio -dijo el terrateniente,
                   que no hacía mucho se había acostado precisamente
                   con esa chica y desde entonces le atormentaba la
                   posibilidad de que un día ella contara lo sucedido
                   a su mujer-. El mal se combate con el mal, y ella
                   debe ser castigada.
                            Otras dos personas estuvieron de acuerdo
                   con él, alegando que, además, la señorita Prym era
                   la única persona de la aldea en quien no podían
                   confiar, ya que se consideraba distinta de los
                   demás y siempre decía que algún día se marcharía.
                   -Su madre murió, su abuela murió. Nadie la
                   echará de menos -afirmó el alcalde, que se
                   convirtió en la tercera persona que aprobó la
                   idea.
                            Pero su mujer se opuso.
                   -Vamos a suponer que sabe dónde se encuentra el
                   tesoro; al fin y al cabo, es la única que lo ha
                   visto. Además, podemos confiar en ella por lo que
                   hemos hablado aquí; fue ella quien nos trajo el
                   mal, quien indujo a todo un pueblo a pensar en un
                   crimen. Puede decir lo que le plazca; si el resto
                   del pueblo calla, será la palabra de una joven
                   problemática contra la de todos nosotros, las
                   personas que hemos conseguido ser algo en la vida.
                            El alcalde se sintió inseguro, como todas
                   las veces en que su mujer daba su opinión.
                   -¿Por qué quieres salvarla, si te cae mal?
                   -Ya lo entiendo -dijo el sacerdote-. Para que
                   la culpa recaiga sobre la cabeza de quien provocó
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