Page 108 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
P. 108

-No hace falta hablar de terrenos ni de
                   cementerios -dijo la mujer del alcalde en cuanto
                   se volvieron a encontrar en la sacristía-.
                   Hablemos claramente.
                            Los otros cinco estuvieron de acuerdo.
                   -El señor cura me ha convencido -dijo el
                   terrateniente-. Dios justifica ciertos actos.
                   -No seas cínico -replicó el sacerdote-. Cuando
                   hemos mirado por la ventana, lo hemos entendido
                   todo. Por eso ha soplado el viento cálido; el
                   Demonio ha venido a hacernos compañía.
                   -Sí -el alcalde, que no creía en demonios, le
                   dio la razón-. Todos nosotros ya estábamos
                   convencidos de ello. Mejor será que hablemos claro
                   o perderemos un tiempo precioso.
                   -Tomo la palabra -dijo la dueña del hotel-.
                   Estamos pensando en aceptar la propuesta del
                   extranjero, en cometer un crimen.
                   -Ofrecer un sacrificio -matizó el sacerdote,
                   más acostumbrado a los rituales religiosos.
                            El silencio que siguió demostró que todos
                   estaban de acuerdo.
                   -Sólo los cobardes se esconden detrás del
                   silencio. Vamos a rezar en voz alta, para que Dios
                   nos escuche y sepa que lo hacemos por el bien de
                   Viscos. Arrodíllense.
                            Todos se arrodillaron a disgusto, sabiendo
                   que era inútil pedir perdón a Dios por un pecado que
                   cometían con plena conciencia del mal que iban a
                   causar. Pero se acordaron del día del perdón de
                   Ahab; en breve, cuando llegara ese día, acusarían
                   a Dios de haberles puesto delante una tentación
                   muy difícil de resistir.
                            El sacerdote les pidió que rezaran todos
                   juntos.
                   -Señor, Tú que dijiste que nadie es bueno,
                   acéptanos con nuestras imperfecciones, y
                   perdónanos en Tu infinita generosidad y en Tu
                   infinito amor. Así como perdonaste a los cruzados
                   que mataron musulmanes para reconquistar la Tierra
   103   104   105   106   107   108   109   110   111   112   113