Page 110 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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la tragedia. Ella cargará con ese fardo durante el
                   resto de sus días y de sus noches; tal vez acabe
                   como judas, que traicionó a Jesucristo y después
                   se suicidó, en un gesto desesperado e inútil,
                   puesto que había sido él quien había creado las
                   condiciones favorables para el crimen.
                            A la mujer del alcalde le sorprendió el
                   razonamiento del cura; era exactamente lo que ella
                   había pensado. La chica era bonita, tentaba a los
                   hombres, no aceptaba llevar una vida igual a la de
                   los demás habitantes de Viscos, siempre se quejaba
                   por vivir en una aldea en donde, a pesar de sus
                   defectos, había personas trabajadoras y honradas,
                   y en donde a muchas personas les encantaría
                   residir (extranjeros, claro está, que se
                   marcharían poco después de descubrir lo aburrido
                   que es vivir constantemente en paz).
                   -No se me ocurre nadie más -dijo la dueña del
                   hotel, consciente del problema que representaría
                   encontrar otra camarera para el bar, pero
                   comprendió que con la parte que le correspondería
                   del oro podría cerrar el hotel e irse muy lejos-.
                   Los campesinos y los pastores están muy unidos,
                   algunos están casados, muchos tienen hijos lejos
                   de aquí, que podrían sospechar si les pasaba algo.
                   La señorita Prym es la única que puede desaparecer
                   sin dejar rastro.
                            Por motivos religiosos -al fin y al cabo,
                   Jesús maldecía a los que acusaban a un inocente-,
                   el sacerdote no quería indicar a nadie. Pero tenía
                   muy claro quién era la víctima adecuada, y debía
                   ingeniárselas para que los demás llegaran a la
                   misma conclusión.
                   -Los vecinos de Viscos trabajan de sol a sol,
                   de lluvia a lluvia. Todos tienen alguna tarea que
                   cumplir, incluso esta pobre chica que el demonio
                   ha utilizado para sus malignos propósitos. Queda
                   muy poca gente y no podemos permitirnos el lujo de
                   perder otro par de brazos.
                   -En ese caso, señor cura, ya no tenemos
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