Page 112 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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asesinos de la peor calaña, que matamos a un santo
                   por dinero, tal como hizo judas con Jesucristo.
                            El sacerdote se encogió de hombros. De nuevo
                   parecía que el sol había desaparecido y que la
                   tensión volvía a la sacristía.
                   -En ese caso, sólo nos queda la señora Berta
                   -comentó el terrateniente.
                            Después de una larga pausa, le tocó hablar
                   al sacerdote.
                   -Esa mujer debe sufrir mucho por la ausencia de
                   su marido: durante todos estos años se ha pasado
                   la vida sentada delante de su casa, enfrentándose
                   a la intemperie y al tedio. No hace otra cosa que
                   sentir nostalgia, y creo que la pobre se está
                   volviendo loca poco a poco: muchas veces he pasado
                   junto a ella y la he visto hablar sola.
                            De nuevo sopló una ráfaga de viento, muy
                   rápida, y los allí reunidos se asustaron porque
                   las ventanas estaban cerradas.
                   -Su vida ha sido muy triste -dijo la dueña del
                   hotel-. Creo que ella lo daría todo para poder
                   reunirse con su amado esposo. ¿Saben que
                   estuvieron casados durante cuarenta años?
                            Claro que lo sabían, pero aquello no venía
                   a cuento.
                   -Es vieja, ha llegado al final de su vida
                   -añadió el terrateniente-. Es la única persona de
                   este pueblo que no hace nada importante. Una vez
                   le pregunté por qué estaba siempre a la puerta de
                   su casa, incluso en invierno; ¿saben qué
                   respondió? Que vigilaba el pueblo, de esta manera
                   sería la primera en enterarse cuando llegara el
                   mal aquí.
                   -Por lo visto no desempeñó bien su trabajo.
                   -Al contrario -dijo el sacerdote-. Por lo que
                   se desprende de su conversación, quien dejó entrar
                   el mal es quien debe echarlo.
                            Otro silencio. Todos habían comprendido que
                   la víctima ya había sido elegida.
                   -Sólo falta un último detalle -comentó la mujer
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