Page 113 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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del alcalde-. Ya sabemos cuándo será ofrecido el
                   sacrificio en nombre del bienestar del pueblo. Ya
                   sabemos quién será; gracias a este sacrificio, una
                   alma buena subirá al cielo y volverá a ser feliz,
                   en lugar de seguir sufriendo en esta tierra. Sólo
                   nos queda saber cómo lo llevaremos a cabo.
                   -Intenta hablar con todos los hombres del
                   pueblo -dijo el sacerdote al alcalde- y convoca
                   una asamblea en la plaza a las nueve de la noche.
                   Creo saber cómo hacerlo, un poco antes de las
                   nueve, pasa por aquí: tenemos que hablar a solas.
                            Antes de que se fueran todos pidió a las dos
                   mujeres presentes que, mientras se celebrase la
                   asamblea, se acercaran a casa de Berta y le
                   hicieran conversación. A pesar de que la vieja
                   nunca salía de noche, toda precaución era poca.


                            Chantal llegó al bar a su hora. No había
                   nadie.
                   -Esta noche hay una asamblea en la plaza
                   -comentó la dueña del hotel-. Sólo para hombres.
                            No hacía falta decir nada más. Ella ya sabía
                   Lo que estaba pasando.
                   -¿Seguro que viste el oro?
                   -Sí. Pero deberías pedir al extranjero que lo
                   traiga aquí. Podría ser que, en cuanto consiga lo
                   que quiere, decida desaparecer.
                   -No está loco.
                   -Sí, lo está.
                            La dueña del hotel pensó que era una buena
                   idea. Subió a la habitación del extranjero y bajó
                   a los diez minutos.
                   -Está de acuerdo. Dice que lo tiene escondido
                   en el bosque, lo traerá mañana.
                   -Así pues, hoy no hace falta que trabaje.
                   -¡Claro que sí! Debes cumplir con tu contrato.
                            La mujer no sabía cómo abordar el asunto
                   que habían discutido durante la tarde, pero era
                   importante conocer la opinión de la chica.
                   -Todo esto me trae de cabeza -dijo-. Y, al
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