Page 30 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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sería un gran éxito, oír los gritos de los
fotógrafos implorándole una pose, pisar las
alfombras rojas de la vida.
Cada día era un día de espera. Cada noche era
una noche en que podía aparecer alguien que la
valorase tal como se merecía. Cada hombre que
pasaba por su cama era la esperanza de marcharse
al día siguiente y no volver a contemplar aquellas
tres calles, las casas de piedra, los tejados de
pizarra, la iglesia con el cementerio al lado, el
hotel con sus productos típicos que requerían meses
de elaboración para después venderlos al mismo precio
que los productos fabricados en serie.
Una vez le pasó por la cabeza que los celtas,
los antiguos habitantes de la comarca, habían
escondido un formidable tesoro y que ella lo
encontraría. Pues bien, de todos sus sueños, ése
era el más absurdo, el más improbable.
Pero allí estaba, con el lingote de oro en las
manos, el tesoro en el que jamás había creído, la
liberación definitiva.
El pánico la sobrecogió: el único golpe de
suerte de su vida podía desaparecer aquella misma
tarde. ¿Y si el extranjero cambiaba de idea? ¿Y si
se iba a otro pueblo, donde tal vez encontraría a
otra mujer mejor dispuesta a ayudarlo en su plan?
¿Por qué no se levantaba, volvía a su habitación,
metía sus pocas pertenencias en la maleta y,
simplemente, se largaba?
Se imaginó a sí misma bajando por la
pronunciada cuesta, haciendo autostop en la
carretera de abajo mientras el extranjero salía a
dar su paseo matinal y descubría que habían robado
su oro. Ella seguiría en dirección a la ciudad más
próxima y él volvería al hotel para llamar a la
policía.
Chantal daría las gracias por el pasaje e iría
directamente a la taquilla de la estación de
autobuses, donde compraría un billete para algún
lugar lejano; en ese momento, dos policías se

