Page 42 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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los cazadores que he conocido."
                            Mientras caminaba por el bosque, Chantal empezó
                   a darse cuenta de que había otra persona tan
                   peligrosa como el extranjero: ella misma. Cuatro
                   días antes, no era consciente de que se estaba
                   acostumbrando a ser lo que era, a lo que podía
                   esperar de la vida, al hecho de que la vida en
                   Viscos no era tan mala; al fin y al cabo, los
                   turistas que invadían la comarca todos los veranos
                   afirmaban que era un paraíso.
                            Pero los monstruos habían salido de la tumba,
                   se le aparecían por la noche, y la hacían sentir
                   desgraciada, incomprendida, abandonada por Dios y
                   por su destino. Peor que eso: la obligaban a ver
                   la amargura que arrastraba consigo día y noche, en
                   el bosque y en el trabajo, en sus escasos
                   encuentros, en los muchos momentos de soledad.
                            "¡Maldito sea ese hombre! ¡Y maldita sea yo,
                   porque lo forcé a cruzarse en mi camino!"
                            Mientras volvía al pueblo, se arrepentía de
                   cada minuto de su vida, y blasfemaba contra su
                   madre por haber muerto prematuramente, contra su
                   abuela, por haberle enseñado que debía intentar
                   ser buena y honesta, contra los amigos que la
                   habían abandonado, contra su destino que no cesaba
                   de perseguirla.


                            Berta seguía en el mismo sitio.


                   -Vas muy de prisa -le dijo-. Siéntate a mi lado
                   y descansa.
                            Chantal hizo lo que le había sugerido la
                   anciana. Hubiera hecho cualquier cosa con tal de
                   que el tiempo pasara más rápidamente.
                   -Parece que la aldea está cambiando -dijo
                   Berta-. Hay algo distinto en el ambiente; anoche
                   oí aullar al lobo maldito.
                            La chica se sintió aliviada. Maldito o no, un
                   lobo había aullado la noche anterior y al menos
                   otra persona -además de ella- lo había oído.
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